aprender a decir NO

PILDORA 3: DECIR NO

APRENDER  A  “DECIR NO”  cuando estoy  DICIENDO  SÍ  pero  QUERRÍA  DECIR  NO.

¿Cómo puede afectar la dificultad para “decir no”  al desarrollo de un proyecto de emprendimiento? ¿A la toma de decisiones? ¿A hacer lo que quieren otros?

“Decir no” (de forma adecuada y sin dañar la relación) requiere de un cierto entrenamiento conversacional que no siempre tenemos.  No es de extrañar pues se trata de una práctica social y culturalmente poco apreciada.

Sin embargo, merece la pena  ver  las dificultades que nos puede generar el hecho de no saber poner límites y de “decir sí”  de forma automática, sin criterio, olvidándonos de nosotros mismos y de nuestras verdaderas necesidades.

Tenía que haberle dicho que no, ¡a ver ahora como salgo  de ésta!”

“Por qué será que siempre acabo haciendo lo que quieren los demás”

Podrían darse cuenta de que estoy hasta arriba de trabajo y dejar de pedirme cosas…”

¿Os suena este tipo de situaciones y otras tantas parecidas?  No tendrían por qué darse si aprendiéramos a  “DECIR NO” a lo que  no nos viene bien, no podemos y, lo más difícil, no queremos.

Aprender a decir NO

Cuando analizamos la dificultad para decir no, encontramos una serie de juicios que bloquean esta capacidad. Uno de los más habituales es el que nos lleva a pensar que “si decimos no, no nos van a querer, no nos volverán a llamar, no contarán más con nosotros, se enfadarán y pensarán que no somos amables.” Cuando este tipo de juicios entran en juego, nos desconectamos de nuestras verdaderas necesidades y las confundimos con las necesidades de los demás, creyendo que todo lo que hacemos lo hacemos voluntariamente, por propia elección, sin advertir hasta qué punto actuamos de forma automática, dejando que sean estos juicios los que rijan nuestra conducta. Lo que ocurre entonces es que la necesidad de decir sí no tiene tanto que ver con el deseo de ayudar y de ser útil como con el miedo de perder algo importante para nosotros: amor, aprecio, reconocimiento, estatus, imagen. Buscamos la aceptación, la aprobación y el apoyo de los demás, olvidando que tenemos que cuidarnos, protegernos (poniendo límites) y valorarnos.

Por otra parte, acabaremos acumulando resentimiento, rabia y cansancio que, a la larga, saldrán por algún lado con consecuencias devastadoras para la relación.

 

“Decir no” tiene que ver con la dignidad.

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